¿Cómo afecta la dieta a nuestra piel?

 

La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, y como la barrera protectora que es, merece un cuidado especial. Tal como estuvimos revisando en el último artículo del blog, los primeros factores a tener en cuenta antes de empezar a buscar soluciones cosméticas, son la exposición al sol y el estilo de vida, además de un elemento muy importante tanto para la piel como para la salud general: la alimentación.

Los tratamientos cosméticos son importantes a la hora de nutrir e hidratar la piel, pero es la nutrición interna de la piel, nuestra dieta, donde debe comenzar el cuidado. La expresión “eres lo que comes” es bastante utilizada y con razón, el cuerpo humano requiere nutrientes para poder reparar y mantener en óptimas condiciones cada parte del cuerpo y es justamente en la piel donde pueden aparecer las primeras señales de alimentación poco saludable. Por ejemplo, un sarpullido común, conocido como “Dermatitis Herpetiformis”, usualmente aparece en brazos, espalda y abdomen de personas intolerantes al gluten.

Comida para una piel saludable

Existen nutrientes que ayudan a sacar lo mejor en apariencia y sensación de tu piel. ¿Cuáles son los alimentos a buscar?

Pescados grasos: Una de las mejores fuentes de ácidos grasos omega-3 vitales para mantener la humedad en la piel y reducir la inflamación causada por condiciones cutáneas y la exposición al sol. Se pueden encontrar en altas cantidades en el salmón y la trucha. Estos pescados también contienen vitamina E, un antioxidante importante para la pie,l y zinc, que ayuda al organismo a generar nuevas células sanas en la piel.

Frutos secos y semillas: Los ácidos grasos esenciales son ácidos grasos que solo se pueden obtener de la dieta, es decir, el cuerpo no los puede producir. Las semillas y frutos secos son otra gran fuente de ácidos grasos esenciales, aunque se debe preferir aquellos que contengan mayor cantidad de omega-3 que de omega-6. Las semillas con mayor cantidad de este ácido graso son las nueces, la linaza y la chía.

Tomate: El tomate contiene un compuesto muy particular por presentar varios efectos benéficos para la piel. Este compuesto se llama licopeno, y su consumo ayuda a disminuir el daño inducido por la radiación UV a través de sus capacidades antioxidantes y antiinflamatorias, además de estimular la producción de colágeno y ayudar a la eliminación de toxinas acumuladas en la piel.

Beta-caroteno: La zanahoria y la espinaca contienen el reconocido compuesto “beta-caroteno” que es convertido en vitamina A en nuestro organismo, una especie de protector solar natural que protege a las células de la piel de los rayos UV. Por muy alto que sea nuestro consumo de espinaca y zanahoria, no debemos desestimar en ningún caso el uso de protector solar a diario, la protección que ofrecen estos alimentos es solo un buen bonus.

Té verde: Reconocido por contener antioxidantes de alta potencia como polifenoles y catequinas, actúa, como revisamos anteriormente, protegiendo la piel contra el daño UV y mejorando la circulación, y con ello, la elasticidad e hidratación.

Chocolate amargo: Una noticia que alegrará a las amantes del chocolate, el polvo de cacao usado en la elaboración de las barras contiene altas cantidades de antioxidantes necesarios para el mantenimiento de la piel. Se debe tener mucho cuidado, no obstante, en elegir barras con al menos un 70% de cacao y elaboradas con endulzantes alternativos al azúcar, como por ejemplo stevia.

Vino tinto: Una copa de vino diaria proporciona una cantidad saludable de resveratrol para la piel, que al igual que otros alimentos de esta lista, ayuda a reparar el daño de los radicales libres en las células dérmicas y aumenta la producción de colágeno.

¿Qué alimentos evitar?

Hablar de ingredientes a evitar es un poco más complejo, ya que tendremos que estar atentos a las etiquetas de lo que comemos y bebemos, siendo moderados a la hora de elegir consumirlos.

Azúcares refinadas: Dulces, helados, pasteles y bebidas de fantasía son alimentos que deberíamos evitar a toda costa para mantener una piel saludable. Los altos niveles de azúcar inducen el aumento en los niveles de insulina en el cuerpo, iniciando una respuesta inflamatoria generalizada que puede provocar la ruptura de las fibras de colágeno y elastina en la piel, resultando en la pérdida de elasticidad y firmeza.

Sal: El consumo de sal es problemático por sus características incluso antes de que el cuerpo pueda reaccionar. La sal absorbe humedad, lo cual puede desencadenar en hinchazón y retención de líquido. El primer lugar donde la hinchazón causada por alto consumo de sal es evidenciada es en los párpados, justamente donde la piel es más delgada.

Alcohol: Aparte de la copa de vino diario que recomendamos anteriormente, el consumo excesivo de alcohol tiene efectos nefastos en el cuidado de la piel, ya que provoca dos de las reacciones más dañinas para este órgano: inflamación y deshidratación. El consumo frecuente de alcohol tiene efectos evidenciables como arrugas, formación de bolsas y agrandamiento de poros.